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Publicación
periódica de la Carrera de Periodismo de la Universidad Católica
de Valparaíso (U.C.V.)
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THE BLAIR WITCH PROJECT
Rigoberto Mesa
En todo un fenómeno terminó convirtiéndose "El proyecto de
la bruja blair", filme que costó apenas 35 mil dólares -presupuesto
ridículo para Estados Unidos- además sin caras conocidas, ni sexo, ni
violencia destrozó a las grandes producciones y recaudó, sólo en la primera
semana, 48 millones de dólares.
De esta forma la cinta de los veinteañeros Daniel Myrick y Eduardo Sánchez,
a dos años de su filmación, ya se consagró como un increíble éxito cinematográfico
y de taquilla, causando el asombro de la industria hollywodense y del
cine mundial.
Los motivos de tanto alboroto pueden ser muchos; por un lado el uso de
Internet como plataforma publicitaria. "...En el interior de una
cabaña de mas de cien años, una bolsa contenia cintas de película y de
audiocassette además de las cámaras y un diario. Todo pertenecía a los
tres jovenes desaparecidos..." así reza el incio de una de tantas
páginas web dedicadas a "The blair witch proyect", de esta forma
se creó un verdadero caos informacional en torno a la historia, situación
que terminó confundiendo verdad con ficción y dejándonos a todos en medio
de una entropía de esas que causan miedo de verdad.
Por su parte los jóvenes directores y creadores de la película contribuyeron
coronaron magistralmente su campaña de marketing del filme, presentándolo
en el Festival de Sundance como un documental; sumando así credibilidad
a la historia.
La trama se remonta a octubre de 1994, "cuando tres estudiantes de
cine de la Universidad de Florida se fueron al condado de Frederick para
rodar un documental sobre la bruja Blair, una mujer del siglo XVIII que
fue abandonada en el bosque por sus malas artes. Después de entrevistar
a los vecinos, los tres estudiantes desaparecieron entre los árboles.
Un año después, se encontraron las cintas que habían grabado."

De ahí nació la película y la leyenda difundida Internet. De nada ha servido
que, en los créditos, los autores Daniel Myrik y Eduardo Sánchez, de
30 y 35 años hayan tenido que admitir que todo es ficción. Su fabulosa
campaña, con los clásicos carteles de missing, las entrevistas con los
padres de los desaparecidos y los retazos de la grabación que pasan por
capítulos en la página web, es irrefutable.
«Cuando les dices la verdad ha dicho anonadado el sheriff del condado,
los visitantes piensan que hay una conspiración para encubrirlo». A los
lugareños, la maldición de Blair no les provoca más que hilaridad. «¡Pero
si no hay nadie que se pierda en nuestro bosque sin tropezar con una granja!».
Entonces el éxito de The Blair Witch Project estribó en que, para la mitad
de sus espectadores, no se trataba de un montaje de Hollywood, sino de
una historia real.
Si la película infunde o no verdadero terror, lo sabrás cuando la veas,
pero lo de lo que sí debes estar seguro es que inevitablemente sentirás
una claustrofobía a ratos asfixiante. The Blair Witch Project no deja
a nadie a medias: o fascina, o aburre soberanamente. Los adolescentes
se identifican con las bromas simplonas que se gastan los tres protagonistas,
y los adultos no soportan el continuo traqueteo de una cámara a la que
no se le puede pedir más que lo que es: un aparato de Hight 8 comprado
por 500 dólares en una cadena de electrodomésticos y devuelta pertinentemente
ocho días después, para obtener el reembolso.
Como la bruja, los actores que aparecen con sus propios nombres fueron
abandonados en el bosque sin guión. Cada noche, les dejaban notas de cómo
debían actuar sin permitir que las compartiesen con sus compañeros. Los
insólitos directores se dedicaban a hacer ruidos en la oscuridad y alterar
la escena para que los tres chicos pudieran mostrar «verdadero pánico».
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